APENAS UNA REFLEXIÓN…

 

Las marquesinas centellaron durante varios días anunciando ese evento, la gente se detenía para observar la gigantografía del prodigioso artista que regresaba a su tierra para ofrecer su arte a sus compatriotas, después de varios años de ausencia.

Su violín y su talento no habían dejado un kilómetro sin recorrer en todo el planeta, todos los continentes habían gozado de su música.

El público local había agotado las entradas en pocas horas, la noche de ese viernes había llegado.

El joven periodista estaba muy feliz, le habían asignado la tarea de realizar una nota al gran maestro y gracias a sus contactos, la suerte y la bohonomía del representante artístico, logró ser el único medio gráfico que estaba autorizado para dejar a la posteridad  el testigo de los pensamientos del gran maestro…y la noche del viernes había llegado!!!!

La sala colmada, los asistentes se habían esmerado para estar ataviados acordes a tamaño acontecimiento, las sedas, las pieles, las mejores telas se deslizaron sobre las coquetas butacas todas sobre cuerpos que ansiaban el comienzo del concierto, conscientes de que serían, también, parte de ese hecho histórico para el mundo del espectáculo internacional.

Esos mismos nervios estaban también en el cuerpo del periodista que estaba ya preparado en la puerta del camarín del maestro que ya, sobre el escenario , lograba la emoción a través de sus prodigiosas manos y el Stradivarius que lo acompañaba desde hacía décadas.

Los últimos acordes aceleraron los latidos del joven periodista, la ovación que se escuchaba era ensordecedora y se extendió por varios minutos ante la ejecución y final del último tema.

Al rato, lo ve acercarse al maestro, violín en mano, secando su frente con un blanco pañuelo, pero le llamó poderosamente la atención el gesto que portaba ese rostro, lo vió triste, como contrariado, respetuosamente esperó su llegada, se presentó, fue reconocido y aceptado para charlar y el maestro, con un gesto lo invitó a entrar al camarín.

Una vez adentro, el maestro se dejó caer en un sillón, aflojó el primer botón de su camisa y quitó el moño, arrojándolo a un lado, esbozó una tenue sonrisa y clavó su vista en los ojos del joven que dijo: -¡Maestro…aún se escuchan los aplausos…su concierto fue espectacular…sin embargo lo veo triste…a que se debe?

-Oye mi joven amigo- dijo el maestro-…yo fui un niño prodigio y di mi primer concierto cuando tenía apenas siete años…y sabes que escuché ese día desde la primera fila?- El periodista con un gesto demostró no saberlo, el maestro continuó- …Alguien dijo…”Que bien toca a pesar de la edad que tiene”….y hoy, mi querido amigo, setenta años después…acabo de escuchar lo mismo”.

A vos lector amigo, apenas una reflexión.