¿Es verdad que el alcohol mata a los gérmenes?

ArteargentinA: Es un mito que gira alrededor de las bebidas alcohólicas y cuya respuesta es importante de conocer.

ArteargentinA: El alcohol es un desinfectante, por lo que muchas personas han especulado con la posibilidad de que pueda resultar también efectivo para el tratamiento de infecciones en el tracto digestivo.

¿Es posible formular la pregunta sobre si puede el alcohol ayudar a las personas a salir de una gastroenteritis o acabar con una infección de garganta?

Desde hace algún tiempo se conoce el poder desinfectante y limpiador del vino. De acuerdo con los archivos históricos -dado que en el siglo III los generales romanos lo recomendaban a sus soldados como una ayuda para prevenir la disentería.

Desde 1988 el vino se ha estudiado como una bebida que abarcaba varios tipos de bebidas —carbonatadas, cerveza, vino, leche desnatada y agua— y estudiaba sus efectos antibacterianos. Un estudio realizado pudo probar que las bacterias salmonella, shigella y escherichia coli sobreviven de peor manera en vino que en cerveza o bebidas carbonatadas.

Se introdujeron en las bebidas varios tipos de bacterias intestinales infecciosas, como salmonella, shigella y escherichia coli. En la investigación realizada se encontró que pasados dos días se les dio peor la supervivencia en el vino que en el resto de bebidas. La cerveza y las bebidas carbonatadas lograron también dificultar su desarrollo, pero no fueron tan efectivas como el vino.

Algunos años después, se llevó adelante un estudio de laboratorio para descubrir cuál es el componente del vino que estaba consiguiendo el mencionado efecto antibacteriano. Los investigadores pudieron probar la acción del caldo sobre la salmonella y la compararon con los efectos conseguidos por un líquido con la misma concentración de alcohol y nivel de pH -ácido-.

El vino tinto resultó tener una intensa actividad antibacteriana, que incluso superó a la de la solución con las mismas concentraciones de alcohol y pH. A pesar de ello, según el estudio mencionado había concluído, gran parte de su efecto contra las bacterias se debe precisamente a sus niveles de estos dos elementos. Es por eso que estos dos factores solo explicaban parte de su eficacia.

La concentración de alcohol es, de hecho,  un componente importante en su efecto contra los microorganismos. Por ejemplo, se considera que para desinfectarse las manos la concentración óptima es de entre 60% y 80%.

Existe otro estudio de laboratorio que se fijó en la acción del alcohol en grupos de microorganismos de la boca y en su efecto sobre la muerte de los gérmenes. En este caso, el factor determinante fue el tiempo de exposición. Resultó determinante, a diferencia del estudio mencionado anteriormente. Cuando se aplicó una concentración de alcohol del 40%, que se asemeja a la del vodka, su capacidad para inhibir el crecimiento de estos microorganismos fue mucho mayor que cuando se aplicó durante quince minutos que al hacerlo solo durante seis. Las conclusiones del estudio arrojaron que un alcohol con una concentración del 40% tiene cierta capacidad de matar las bacterias bucales, con una exposición de al menos un minuto.

Por su parte, una investigación que incluyó alrededor de cuarenta y siete voluntarios sanos, se roció durante una gastroscopia la parte inferior del estómago con alcohol de diferentes graduaciones —4%, 10% y 40%— y solución salina al grupo de control. Se observaron así los efectos con la cámara que se emplea durante esta intervención.

Una concentración de alcohol superior al 10% provoca daños en las paredes del intestino que tardan en curar más de 24 horas.

A medida que aumentaba la concentración de alcohol aumentaba el daño que se observaba en el estómago, concretamente referido erosiones acompañadas de sangre. Por otro lado, los daños provocados por los de mayor graduación -superior al 10%- tardaron más de veinticuatro horas en curar. En cambio no se observó ningún daño en el intestino delgado.

En conclusión, teóricamente, una concentración lo suficientemente alta de alcohol ingerido -o mantenida en la boca durante al menos un minuto- mataría a un gran número de bacterias intestinales y orales, pero es muy probable que cause algún daño al revestimiento del estómago.

El consumo de alcohol crónico y habitual puede provocar también un crecimiento excesivo de bacterias en el intestino delgado. Se cree que está relacionado con síntomas gastrointestinales como diarrea, náuseas y vómitos, que se observan con frecuencia en pacientes alcohólicos.

Por eso, la conclusión es que el consumo de alcohol puede causar daños inmediatos en el estómago, que pueden ser mayores cuanto más alta sea su graduación. En teoría, una concentración alcohólica y un tiempo de exposición suficientes en el tejido bucal e intestinal podrían matar las bacterias, pero, al mismo tiempo, podrían con toda probabilidad afectar al revestimiento del intestino.

Es por eso que no se recomienda el uso de alcohol como desinfectante regular para tratar la gastroenteritis o las infecciones de garganta.