Albamonte: “El sector productivo está sometido a una presión tributaria desmedida”

ArteargentinA: Lo afirma Alberto Albamonte, presidente de Howard Johnson Argentina. De visita a Ámbito Financiero, el empresario dejó algunas frases polémicas: “En país con una Justicia sucia es muy difícil avanzar”.

ArteargentinA: Empresario, político y escritor argentino. Alberto Albamonte se dedicó al comercio exterior y al periodismo. En los albores de la recuperada democracia se convirtió en un emblema del partido Unión del Centro Democrático (UCeDe), por el cual fue elegido diputado en 1987 por la Capital Federal y en 1991 conseguiría su reelección por otro período de cuatro años, pero en representación de la provincia de Buenos Aires. “Ahí los amigos radicales me pusieron el mote de ‘saltamontes’, pero se los cobré. En un aniversario de Marcelo T. de Alvear le hice un homenaje, cosa que les llamó la atención a los radicales que lo escondieron siempre a pesar de que para mí fue el mejor Presidente del Siglo 20. Ahí les demostré que Marcelo T. de Alvear había sido diputado por Capital y por provincia de Buenos Aires”, recuerda el ahora empresario, una de las anécdotas que sirve para mostrar la rebeldía con la que se metió en aquel mundo “para cambiar la realidad”.

Lejos de la política desde el ’95, Albamonte, hoy el Presidente de Howard Johnson Argentina, la cadena hotelera más grande del país y la más federal (40 hoteles abiertos más 25 en etapa de construcción), analiza el rumbo del Gobierno de Mauricio Macri, hace un balance sobre la coyuntura del país desde el advenimiento de la democracia, opina sobre el rol del empresariado local y puntualiza sobre sus negocios en el mercado de la hotelería.

“Haber tomado el Gobierno y no hacer un balance pormenorizado de la verdadera situación en que se recibió el país fue un error estratégico imperdonable. No solo no se puntualizó los errores del gobierno anterior sino que pasado unos meses sin esa descripción hoy resulta difícil achacar el desastre a una gestión que se fue hace dos años y medio”, dispara con munición gruesa, aunque considera que “las medidas que se están tomando aun cuando sean dolorosas son el único camino para reencontrarnos con una senda de crecimiento sostenido. Creo que se debe puntualizar con todo detalle el programa a llevar a cabo, para no sorprender a la ciudadanía”.

Periodista: ¿Cómo se endereza el rumbo de la economía?

Alberto Albamonte: Si vamos a seguir con la política berreta de mantener gente en el Estado para que los voten, ganar lo mismo o más los ñoquis de las distintas instituciones que quienes hicieron toda una carrera en determinados organismos, estamos en graves problemas. Ahí hay dos caminos, uno es la rebeldía y el otro la resignación. Y la sociedad se está resignando. Esa es la cabeza que hay que cambiar urgente 

P.: ¿Volvería a incursionar en política?

A.A.: No tengo interés. Para mí la política fue casi un acto de desesperación. El año ’82 fue muy malo para todos. Habíamos perdido la guerra de Malvinas. Yo en lo personal también sufrí la pérdida de mi padre, San Lorenzo qué es el equipo de mi vida se había ido al descenso y analicé seriamente en irme del país. Entonces me topé con una frase de uno de los más grandes estadistas que tuvo la Argentina que fue Domingo Sarmiento. Él decía: los que no se interesan por la política tienen un solo castigo, bancarse la política que hacen los otros. Ahí fue que decidí meterme en la UCeDe, un partido muy chico con una fuerte ideología. Me afilie en el 83, un año después organicé el primer acto en la cancha de Excursionistas con diez mil personas. Fue la primera vez que compartí el escenario con Álvaro Alsogaray. En el ’85 alquilé la cancha de River y decidimos cobrar dos dólares la platea. Llenamos el estadio a pesar de que llovía a cántaros. Ahí se nos empezó a tomar más en cuenta, pasamos detener siete diputados a doce, cosechamos dos millones de votos. Pero después lamentablemente todo se frustró.

P.: ¿Cuál cree que fue el motivo de la disolución de la UCeDe?

A.A.: Yo siempre tuve una gran admiración por el Ingeniero Alsogaray, pero así cómo fue el creador luego no supo solidificar su partido y su propuesta. 

P.: ¿Por qué?

A.A.: Acá quisiera hacer un paralelismo con el partido Popular de España. Tuve el privilegio que José María Aznar me invitara a dar una charla en Madrid a raíz de un artículo que yo había escrito en el ABC de Madrid sobre la caída del muro de Berlín y su implicancia social y económica en América Latina. El Partido Popular y la UCeDe fueron generados con una fuerte carga ideológica y con un liderazgo de dos ex funcionarios de una dictadura. Eso tenía por un lado una base de adhesión popular lógica, porque generalmente la dictadura no tiene ni los pruritos ni las dificultades que tiene una democracia para llevar adelante determinadas políticas. Pero con esa base electoral no alcanza para nada. Eso Fraga Iribarne lo vio perfectamente bien, supo hasta donde tenía que llegar, luego se retiró a Galicia y puso a José María Aznar como su delfín. Así Aznar llega a la presidencia de España. Aquí Alsogaray pensó que siempre debían estar él y sus hijos, ese fue un techo muy bajito, sin alternativas, qué dejó de seducir a la juventud. Nosotros llegamos a tener un movimiento juvenil espectacular, ganamos en varias universidades, movilizamos muchísimo. Pero todo eso tiene su tiempo.

P.: ¿Se considera liberal?

A.A.: Toda mi vida fui liberal. Para mí el liberalismo es el único camino que un país tiene para desarrollarse, empezando por la educación que la hemos abandonado tristemente. Hoy no hay premios ni castigos, ni en la educación, ni en la vida ciudadana. Como decía Discépolo, da lo mismo el que labura que el que roba. Así no se puede construir un país. Basta ver hoy en qué se ha convertido la dirigencia gremial docente qué son simples reivindicaciones salariales.

P.: ¿Alguna vez le dijo que no a Carlos Menem? 

A.A.: Claro. Yo tenía muy buena relación con el Doctor Menem. Jugué políticamente para él en la interna con Antonio Cafiero. Acompañe a Menem porque entendí que estaba buscando un cambio importante en el país. En un momento me quiso designar como secretario de Comercio. En ese momento el Ministro de Economía era Miguel Ángel Roig, que quería poner precios máximos, entonces pensé: voy a manejar el tema de precios con hiperinflación y con un desborde de los precios relativos terrible, eso generaría una recesión feroz. Entonces le dije a Menem que no lo podía acompañar porque no estaba convencido de las medidas que se estaban tomando. Le dije: esto lamentablemente termina en hiperinflación, y fue efectivamente lo que sucedió. 

P.: ¿Por qué decidió bajarse de la política en el ’95?

A.A.: En el año 1994 fui Convencional Constituyente. Ahí me hice muy amigo de Carlos Reutemann. En la Navidad del ’94 le propuse a Carlos Menem que diera un paso al costado y que tomara las riendas Reutemann, que era un político honesto, con muy buena imagen. Estaba convencido que él le podía dar un color distinto al cambio que se había iniciado en el ’89. Menem me dijo que él quería ganar la elección, que quería seguir otros 4 años, que se lo había ganado. Ahí fue que decidí volver a la actividad privada.

P.: ¿Cómo fue el proceso?

A.A.: En ese momento recibí una oferta muy interesante de Eduardo Eurnekián, la acepté, fuimos socios durante tres años, hicimos varios negocios juntos, entre ellos ganamos la licitación más importante de Puerto Madero y compramos Howard Johnson.

P.: ¿Cuándo disolvieron la sociedad con Eurnekian?

A.A.: Decidimos separarnos cuando ganamos Aeropuertos. Yo no estaba de acuerdo con la compra de una compañía aérea. Bien dijo alguien que la mejor forma de perder una fortuna es tener una compañía aérea. 

P.: ¿Por qué?

A.A.: Porque no depende de tu habilidad ni de tu capacidad sino de factores exógenos que condicionan totalmente el negocio. De eso depende el éxito o el fracaso. 

P.: ¿Qué vio en el negocio de la hotelería?

A.A.: Vi en el tema hotelero un nicho interesante. Se lo presente a Eduardo y él estuvo de acuerdo, primero pensamos en un hotel de lujo de 6 estrellas en una de las manzanas que habíamos ganado en la licitación, en la punta de Puerto Madero, donde hoy está el Banco Chino, pero cuando estábamos por cerrar con Marriott, Eduardo me llama y me dice que estaba pensando en un negocio de volumen y me pregunta: ¿cuántos Howard Johnson se pueden hacer en la Argentina? 

P.: ¿Cuándo le dijo Howard Johnson se le encendió la lamparita?

A.A.: Así es. Empezamos haciendo hoteles de ruta y llegamos a la conclusión de que había una deficiencia hotelera tremenda, inclusive en ciudades muy importantes donde no había ni hoteles ni salones para hacer reuniones, convenciones y otras cuestiones corporativas. La idea me la reforzó Juan José Aranguren, cuando era vicepresidente de Shell. Él había tenido una idea de hacer hoteles de ruta, en ese momento me comentó que cada vez que viajaba al interior del país por motivos laborales, se juntaba con gerentes y funcionarios en las estaciones de servicio. Finalmente me embarqué en un proyecto a largo plazo. Hoy tenemos 42 hoteles abiertos y el 70% de la facturación es corporativo. Paralelamente conseguí que el Ministerio de Educación y la CONADU me aprobaran la carrera universitaria de hotelería de 4 años. La primera universidad que aceptó mi propuesta fue la UAI. Hoy hay 7 universidades de primer nivel que tienen la carrera de hotelería. 

P.: ¿Cuál es la evolución de estas más de tres décadas de la recuperación de la Democracia?

A.A.: La recuperación de la Democracia fue un hito extraordinario, sobre todo si uno analiza el poder de movilización que tenían todas las fuerzas políticas. Después vino la decepción, vino la corrupción y pasamos a desmotivarnos. A mi modo de ver fue muy poco lo positivo de estas tres décadas, porque las instituciones lejos de solidificarse se corrompieron enormemente, empezando por la justicia. Y un país con una justicia sucia es muy difícil que pueda avanzar. Es muy difícil que pueda recibir inversiones, porque cualquier inversor del mundo contrata a una consultora para que le diga donde se está metiendo, cuáles son las reglas del juego.

P.: Sugiere que la Argentina no es un país confiable para atraer inversiones?

A.A.: En países serios se respeta la propiedad privada, se respeta la propiedad intelectual, se castiga a quien viole derechos. Tampoco hemos avanzado en la lucha contra la delincuencia. Hoy no hay democracia interna en los partidos. Yo pregunto: ¿a los afiliados se los elige por el voto? No. Recuerdo que cuando era aspirante a diputado nos matábamos en la interna contra Adelina, contra Durañona y Vedia. Ahora hay un señor que tiene la lapicera, entonces se acabaron los méritos. El que está bien con el jefe es el indicado. ¿Eso es democracia interna? Y hago otra pregunta: ¿si no hay democracia interna podemos ser demócratas en el resto de nuestra vida? Como país, hemos involucionado. 

P.: ¿Desde una visión empresarial cómo ve el ecosistema para hacer negocios en la Argentina?

A.A.: Si uno analiza lo que ha sido la política económica en las últimas décadas es una especie de montaña rusa donde hemos pasado de la energía a la decadencia total y otra vez a subir y bajar. Este es un país que tiene un potencial económico inmenso pero tiene también una cantidad de trabas para el desarrollo del empresariado muy grandes. Cuesta mucho tener un empresariado con la camiseta de la Argentina puesta. Hay gente muy capaz y muy valiente puedo dar fe de eso porque todos nuestros hoteles se han hecho con inversiones privadas y con la apuesta de gente exitosa, porque una persona que invierte en la hotelería no es un tonto. Ven en la industria una actividad profesional, qué tiene seguridad jurídica, qué tiene una renta razonable para lo que es una inversión inmobiliaria. 

P.: ¿Qué opina de la clase gremial en la Argentina?

A.A.: Muchos son extorsionadores. El paro general no es una reivindicación gremial, nosotros teníamos huelgas pero no paro general con gente que pretende cambiar el rumbo de un gobierno. La única forma legítima de obligar a un gobierno a cambiar el rumbo es a través del voto. Yo no admito la extorsión. A veces miro sociedades como la chilena, los peruanos y me pregunto cómo puede ser que ellos hayan evolucionado tanto y nosotros nos quedamos en el tiempo.

P.: ¿La hotelería en la Argentina encontró un techo? 

A.A.: De ninguna manera. La hotelería va a explotar en la Argentina, estos recién son los primeros pasos. Hoy mismo hay una deficiencia hotelera enorme. Hay ciudades grandes que tienen hoteles que dan lástima. Los desafíos son enormes, más con la aparición de nuevos jugadores como por ejemplo las OTAs como Booking, Despegar.com y otras, que cobran comisiones muy altas, entonces aquel que no tiene generación de reservas propias está complicado, porque tiene un socio que se queda con entre el 15 y el 25% de la facturación, lo cual es muy duro.

P.: ¿Cuál es la Inversión para el bienio 2018-19?

A.A.: La última estimación de los proyectos tanto de Howard Johnson como Days Inn alcanzan a los 3.200 millones de pesos con capitales nacionales.

P.: ¿En qué instancia está el posible desembarco en Islas Malvinas de un Days Inn?

A.A.: Es un proyecto con el que contamos con la financiación pero hay que sortear varias vallas burocráticas, sin embargo sigue avanzando aunque no al ritmo que desearíamos

P.: ¿Qué opina sobre la aparición de tantos jugadores en el mercado aerocomercial?

A.A.: Soy partidario de la competencia, Argentina necesita mucha más conectividad, somos en superficie el séptimo país en el mundo, y todavía falta bastante, pero se va por el buen camino.

P.: ¿Existe realmente el concepto low cost en la Argentina?

A.A.: Este concepto se va a ir consolidando con el tiempo. Es deseable que tengamos más ofertas y más atractivas para generar un gran aumento del flujo interno. Esto beneficia a todos pero fundamentalmente a los consumidores tanto nacionales como extranjeros.

P.: ¿La inflación afecta la rentabilidad de los hoteles?

A.A.: La inflación es sin duda uno de los peores males de cualquier economía, en primer lugar afecta a los asalariados los que ven perder día a día sus ingresos, y genera una distorsión en el resultado de la inversiones – que hoy el país necesita urgentemente – desalentándolas. Es prioritario bajar la misma a los estándares internacionales.

P.: ¿La Argentina es competitiva con relación a otros países de la región?

A.A.: En los últimos dos años se mejoró notablemente la competitividad, pero tenemos que tener presente que las inversiones en infraestructura y hotelería son lentas y a veces llevan años para poder ver sus efectos positivos.

P.: En algún momento había declarado que la hotelería afrontaba una presión tributaria única en el mundo. ¿Cómo está hoy el sector en ese sentido?

A.A.: No solamente la hotelería, prácticamente todo el sector productivo está sometido a una presión tributaria desmedida. Y lo peor que se dilapidan enormes recursos para regalar pescado en vez de enseñar a pescar. La hotelería es una actividad de mano de obra intensiva y capacitada y no se la puede desalentar con decenas de impuestos y tasas que en muchos casos no le permiten crecer.

FUENTE: ÁMBITO FINANCIERO.