Los 30 años de FM Aspen: “El secreto del éxito es no tener figuras”, explica su director, Quique Prosen

ArteargentinA: La emisora atraviesa su mejor momento en cuanto a rating: se ubica segunda en mediciones de FM.

ArteargentinA: Notición: “Desde el 7 de noviembre aparecerá en el dial porteño otra propuesta de frecuencia modulada”, se lee en un Clarín del 18 de octubre de 1988. Ese día, los matutinos argentinos daban cuenta de un acto multitudinario de Carlos Menem en River, “lanzamiento virtual” de la fórmula presidencial Menem-Duhalde.
Aspen (102.3) llegaba como un reemplazo de FM Láser, mientras en el mundo se grababan temas como Listen to Your Heart (Roxette), Angel (Aerosmith) o Desire (U2). Por entonces, Quique Prosen trabajaba en Rock & Pop. Hoy, dirige la emisora del milagro: mucha música y locutores con apariciones espaciadas, menú que logró trepar al segundo puesto en las mediciones de FM, detrás de La 100.
El aviso de Aspen, 30 años atrás, cuando dejaba de ser FM Láser.

El aviso de Aspen, 30 años atrás, cuando dejaba de ser FM Láser.

Tímido, en la celebración por los 30 años, en La Rural, mientras sonaban en vivo The Beats bajo 60 bolas de boliche y una atmósfera “travolteana” de Fiebre de sábado por noche, Prosen intentó explicar la fórmula del éxito de esa radio mítica en salas de espera.
-A cargo de Aspen desde 2000. ¿En qué creés que cambió Aspen para que cambiara el interés del oyente?
-Cambió de mentalidad. Hace 10 años el concepto era: “La radio tiene que tener un contenido”. Entonces todas las radios empezaron a tener figuras. Rock & Pop las tuvo siempre. Trabajé 25 años allí. Siempre el concepto es pensar que una figura vende más. Nosotros logramos que todo el equipo que trabaja en Aspen entienda que no necesitamos figuras para ser exitosos. Con una buena programación de música y programando de una forma, listo. Aparentemente, gusta cómo programamos la música.
-¿O sea que el secreto del éxito es la programación?
-Aspen es eso: un flechazo, un puñal al oyente. Cada canción que escucho es una novia que tuve de chico, mi viejo, un verano en Mar del Plata, un viaje a Miami en el que pasaban esa canción. Las canciones te generan algo bueno o malo, pero te generan un recuerdo.
(Foto: Luciano Thieberger).

(Foto: Luciano Thieberger).

-Uno intenta entender el fenómeno en 2018. Algo tan sencillo que logre un rating tan alto…
-Vos te ponés a elegir una lista en Spotify, con canciones elegidas por vos, sabés lo que vas a escuchar. Aspen te pone esas mismas canciones, pero alguien te las presenta, te acompaña. No es una simple Playlist. Cuando me hablan de que la radio se termina, me río: hay radio para rato siempre que haya alguien que quiera escuchar. Se sigue escuchando a través de distintas tecnologías, pero se escucha. Tengo infinidad de amigos que escuchan en el auto por la buena música y por el informe completo del estado de tránsito. Otros escuchan por las historias que cuenta Leo Rodríguez: “Phil Collins grabó este tema un día con dolor de muelas”. Argentina es un país difícil. Si del otro lado lo único que escuchás es pálidas…. En cambio, si alguien no te está diciendo “Todo es una mierda”, aunque sea la realidad, es distinto.
-¿A qué suena Aspen?
-Es la banda de sonido de una vida.
-¿Pero qué artistas son imprescindibles en Aspen?
-Rod Stewart, Paul McCartney, Madonna, Phil Collins, Depeche Mode, Pet Shop Boys…
-¿Y por qué se caracteriza el locutor de Aspen?
-No es el típico locutor de hace 30 años que te presenta la canción, almidonado. No los entrenamos, pero les pedimos presentar de manera descontracturada.
-¿Tienen estudiado el target específico?
-Tenemos al oyente de 20, 30, 40, 50 años. Yo tengo 57 años. Hay de todo. Mi hija, de 25 años, canta una canción de Pet Shop Boys y le pregunto: “¿De dónde la sacaste?”. Y me dice: “De Aspen. Escucho porque hablan poco. No me aturden. Y pasan buena música”.
-¿Trabajaron por la renovación de la audiencia?
-No. Una vez por semana nos reunimos y discutimos sobre las listas de temas. La isla bonita ya aburrió, por ejemplo. Decimos: “Elijamos las cinco de Madonna que vamos a pasar este mes”. Todo el tiempo estamos trabajando en la música. No es científico. No hacemos testeos. Es la música que pasan en algunas radios de clásicos de Minnesota, o en radios europeas.
-¿Agregaron artistas no clásicos?
Si, creemos que hay artistas nuevos que van a terminar sonando en Aspen como clásicos en un futuro. Hitazos que al tipo de 40 le gustan: Justin Timberlake, por ejemplo.
-¿Cómo era tu vida en 1988, cuando nacía Aspen?
-Un descontrol infernal. Muchos recuerdos de esa época quedaron borrados del disco rígido. Empecé en Rock & Pop en 1985, los primeros años fueron muy intensos, en trabajo y en locura. Me fui profesionalizando y dije: “Si sigo saliendo todas las noches al otro día estoy fisurado”. Encaminé mi vida. Hoy estoy casi más tiempo en el trabajo que en mi casa. 10 horas por día en Aspen.
-Te cansarás de escuchar el viejo vaticinio de muchos “profetas”: “Ya no queda mucha vida por delante radiofónicamente hablando”.
-Los últimos cinco años te repiten que la gente ya no escucha y es mentira. La cantidad de oyentes no ha bajado. Bajó el encendido en el aparato tradicional nomás.
-Para resumir: ¿el milagro Aspen es la sencillez?
-Sí. Aspen son sensaciones. Aspen son recuerdos. Yo estoy feliz. Después de tantos años de lidiar con La Negra Vernaci, Mario Pergolini y demás me fui a Aspen. Un paraíso. Bajé diez cambios.
-Formás parte de un éxito, pero ¿cómo se salva una radiofonía con decenas de emisoras en crisis, en quiebra, en riesgo?
-Se salva siendo austeros. Conservadores en el armado. Muchas radios que están en problemas se sobredimensionaron cuando les fue bien y cuando les empezó a ir mal no pudieron achicarse. En Aspen siempre nos mantuvimos controlados. Nunca pensamos que podíamos meter 100 personas a trabajar y seguir ganando plata. Esto es un negocio. No es caridad. Somos empleados y tenemos que hacer una buena radio que no cueste cara.