Leo Rosenwasser, el más loco y recordado de los humoristas de “VideoMatch”

ArteargentinA: Fue el creador de “El Oso”, “Rompé Pepe”, “El Taxista” y “Leo Leonor”, que volvía loco a los panaderos. Se fue pronto del programa, pero siempre fue recordado como “Leo de Tinelli”. Murió un día como hoy, hace dos años.

ArteargentinA: Una grúa en medio de la calle. Un surtidor a instalar en medio de un jardín. Una parada de colectivo en la puerta de una casa. Una pileta cortando la cuadra. Un tipo arrojándose sobre desconocidos para saludarlos. Un taxista excéntrico que espantaba a los pasajeros… Algunas de las postales que nos vienen a la mente cuando decimos Leo Rosenwasser.
Leo Rosenwasser
Leo Rosenwasser.

Se sumó al elenco de VideoMatch en 1992. Llegó a Telefe de la mano de Daniel Jacubovich, que al verlo en NotiCreo, un programa de humor en Canal 13 conducido por Raúl Becerra, y lo llamó para hacer un ciclo que se llamó Arriba las Gomas (con Adriana Salgueiro) pensado para reemplazar a VideoMatch durante el verano. Pero fue de la mano de Marcelo Tinelli que alcanzó los máximos niveles de popularidad. Solo mencionar el nombre de algunos de sus cámaras ocultas trae el recuerdo: Rompé Pepe, Oso, El Panadero

“Empecé con cosas como meterme en el cine y contarle el final a la gente, hacía personajes como El macho, que se paraba en una calle y decía: ‘Esta esquina es mía’… Cuando terminó Arriba las gomas, Marcelo me llamó y me dijo: ‘Mirá, VideoMatch es deportivo, pero como me río mucho con vos vamos a probar y hace una notita semanal'”, contó el mismo Leo a los periodistas que hicieron el libro por los 20 años del programa.

Su estilo era absolutamente desatado. “Era un loco”, suele recordar la gente. Tenía salidas desopilantes y muy rápido se convirtió en el humorista favorito del elenco. Sin embargo, no se quedó demasiados años junto a VideoMatch. Fueron varios los que decidieron seguir su carrera por otro lado, probar suerte solos, para encontrarse con que el conjunto -lejos de disminuirlos- los potenciaba.

“Se habló mucho de mi ida del programa. La verdad es que llegó un momento en que sentí que la cámara oculta para mí no iba más. Habíamos hecho tanto, pero tanto… 15 cámaras por semana, a tres años… Entonces llega un momento en el que no podés. Me ponía una máscara de látex toda cerrada, una bufanda y la boina. Y hasta cambiaba la voz. Aún así la gente me decía: ‘¿Qué hacés, Leo?’. Entonces yo quería hacer sketches”, contó.

El primer hit de Leo fue El Oso. No requería demasiada producción pero era efectivo como nadie. Iba caminando, simulaba reconocer a un desconocido y se le acercaba con los brazos abiertos para saludarlo. Cuando el otro le iba a devolver el saludo, osooooo. Lo esquivaba y saludaba a alguien de producción que venía detrás. O le extendía la mano a un desconocido después de preguntarle algo y cuando estaban por estrecharse, osoooooo. Le sacaba la mano súbitamente y lo dejaba pagando. Una pavada, sin dudas, pero divertida como pocas.

Después llegaron las grandes producciones y otro de los grandes hits: Rompé Pepe. Gustavo Yankelevich le pidió que creara algo tan taquillero como el Oso: “Un día iba con mi familia en el auto en un viaje desde Montevideo a Punta del Este, y veo unos obreros vestidos con mamelucos naranja, casco, todo, montando un cartel. Y ahí mismo, en el auto, les digo por joder a mi mujer y a mi chiquito: ‘Rompe, Pepe’. ¡Salió así!”

“Llegábamos a la casa de la gente y le decíamos: ‘Señora, acá va la parada del colectivo, a partir de ahora usted tiene que vender los boletos de 4 a 6 de la mañana’. Y la señora no podía creerlo, pero veía la parada del 17 ahí y también al colectivo. Y hacíamos bajar a la gente del bondi, que entraba en el baño de la casa. Y yo le decía: ‘Señora, su baño, por ser el de la parada, se ha convertido en un baño público’. Y la gente no podía creerlo. Esas cámaras eran maravillosas”, dijo Leo sobre aquellos años.

“Eran tan grosas las producciones que yo decía que cada equipo que salía a la calle iba a hacer una mini película. Había extras, micrófonos inalámbricos, guiones, mucho maquillaje, vestuario. Eran como ocho equipos que filmaban ocho películas que a la noche se compactaban en un solo programa”. Trasladaban grúas, palas, volquetes, en ocasiones hasta llevaban piletas para instalar… El nivel de producción era superior a todo. ¿El resultado? Una cámara que iba dos minutos y medio al aire.

Otro de las bromas (las joditas) recordadas es la de Leo Taxista. La gente se subía a un taxi que manejaba él y le pasaban todo tipo de cosas. Desde las locuras del comediante hasta manos que salían de los parlantes y asustaban al pasajero. Eran años de locura. La policía a menudo los detenía, pero según cuentan cuando veían que eran de VideoMatch pasaban de querer llevarlos presos a preguntarles cuándo salía esa cámara.

Sus grandes personajes no se agotan. Fue el creador del famoso Panadero. Entraba a una panadería y le hacía todo tipo de propuestas indecentes al panadero. Con voz seductora (la caricatura de una voz seductora) le decía “panaderooooo”, hasta volverlo loco.

Se fue de VideoMatch pronto, en 1995, aunque luego volvió un tiempo más. Hizo varias cosas, entre ellas participó en 1998 de Alas, Poder y pasión, una novela con Gustavo Bermúdez, y en programas en Uruguay y Paraguay. Su último boom fue lejos del humor y muy pocos saben que se trata de él: es que fue Leo quien entrevistó al abogado Miguel Ángel Pierri durante el caso de Ángeles Rawson, en una entrevista que el abogado fue con el hijo, que dijo que Mangeri era el asesino. “Fue él, él la mató”, le dijo al padre, por entonces defensor de Mangeri.

“Siempre fui Leo de Tinelli. Y ojo, estoy orgulloso de eso. Marcelo fue muy generoso conmigo”, dijo aquella vez, hace una década. Murió el 17 de febrero de 2017, hace dos años exactamente. Tenía 61 años. Sufrió un infarto mientras cenaba. Está enterrado en el cementerio de la Chacarita, en el panteón de la Asociación Argentina de Actores. Alguien habrá que mire su nombre sobre una placa y diga, con una sonrisa automática, “era un loco”. Alguien habrá que se vaya del cementerio riendo, imaginando que le hace El Oso o que lo amenaza con romper.