Pornovenganza y sextorsión: crecen las denuncias en el país por los delitos contra la intimidad

ArteargentinA: A medida que se registran más casos, también aumenta la complejidad para investigarlos. Las consecuencias para la vida de las víctimas pueden ser demoledoras. 

ArteargentinA: Los delitos contra la intimidad proliferan en Internet. La complejidad para las investigaciones es cada vez mayor y en la Argentina, crecen las denuncias de pornovenganza (que es en realidad la difusión no consentida de imágenes íntimas) y de sextorsión. 

“Notamos un crecimiento de consultas, lo que permite inferir que hay un crecimiento de casos, que viene de la mano del cada vez mayor uso de Internet por la población en general (…). Esos casos no siempre se traducen en denuncias concretas, a veces porque el contenido se retira en forma privada (administrativa) y/o porque, al ser algo tan íntimo, la gente prefiere no exponer su intimidad en un proceso judicial”, dice Horacio Azzolin, fiscal y titular de la Unidad Especializada en Ciberdelincuencia.

Sin embargo, tener un marco legal que proteja a las víctimas es todavía una cuenta pendiente. Al tiempo que crecen en cantidad y en variedad, aparecen cada vez más vacíos legales. “La difusión no autorizada de imágenes íntimas no está penada en el Código Penal. En la Ciudad de Buenos Aires es una contravención con una pena muy baja, -agrega el fiscal-. Hay proyectos que lo establecen como delito (…). Yo creo que ese es el principal vacío legal”.

Frente a este nuevo escenario, pocos conocen cómo lidiar con estas formas de violencia que atraviesan también la vida cotidiana. A Andrea, el drama la acompaña a diario. Hace tres años, quien era por entonces su pareja la interpeló para decirle que había imágenes íntimas suyas en Internet. Se trataba de fotos y videos que se había tomado con su pareja anterior, en base a la confianza construida a lo largo de seis años de relación. 

Pero la historia compartida había terminado y su expareja decidió publicar en distintos sitios los registros de los encuentros íntimos entre ambos y fotos de ella con su nombre, apellido y ubicación. 

En ese momento, cuando el padre de su hijo se percató de la situación, ella solo quiso que las imágenes salieran de donde estaban. Por su cabeza, pasaba su bebé, de apenas meses, y la posibilidad de que esto lo afectara más adelante en su vida. Cuando la que era por entonces su pareja llegó a su fin y debieron acordar el régimen de visitas para su hijo, Andrea se encontró con otra versión de quien era su compañero de vida. El mismo que la había ayudado cuando conoció que sus imágenes fueron publicadas, la amenazó con dar a conocer eso a personas de su círculo más íntimo si no llegaban a un acuerdo que lo favoreciera. 

Así, no solo era humillada por su pareja anterior sino extorsionada por aquel hombre del que se estaba separando. “Lo único que hice mal fue confiar”, dice, en diálogo con TN. El espiral de violencia puede no tener fin en estos casos. Y la vergüenza y el silencio pueden ser dos crueles aliados de estas formas de abuso. Por eso, la posibilidad de recurrir a un asesoramiento legal para iniciar acciones resulta tan importante.

Consultada por TN.com.ar en 2018, la abogada Marina Benitez Demtschenko (que vivió en carne propia el calvario de la difusión no consentida de imágenes íntimas y creó la fundación Activismo Feminista Digital), enfatizaba: “Nosotras, desde la Fundación, siempre recomendamos la denuncia. Siempre. En todos los casos (…). Lo más importante es el primer impulso. Animarse a dar un paso hacia afuera y decir: “No me merezco esto. No tengo por qué padecerlo”. Y eso es muy difícil aunque parezca que no”.

Según datos de la fundación que lidera, otra de las modalidades de violencia digital que creció en los últimos años es el acoso en redes. Si bien antes, prevalecía más la difusión no consentida de imágenes íntimas, hoy el hostigamiento y el acoso a través de plataformas virtuales es lo más frecuente. Entre 2017 y 2018 crecieron un 300 por ciento los casos de acoso registrados por esta fundación. Y a esto se suman otras modalidades como el doxing, que es la publicación de información personal en Internet (teléfonos, domicilio), una suerte de carpeta personal pública que tiene como fin vulnerar la privacidad de la persona.

Para Miguel Sumer, abogado especialista en cibercrimen, hay mucha pedagogía por hacer en relación a los delitos contra la intimidad. “La pornovenganza es una modalidad de violencia sexual digital”, aclara, y agrega: “Si encuentro la imagen en un sitio, lo primero que tengo que hacer es resguardar la evidencia”.

¿Qué hacer si uno cree ser víctima?

“Lo primero que hay que hacer es no borrar el material y no hay que alertar a la persona que pudo haberlo publicado. Si veo ese material en algún otro lugar, hay que hacer capturas de pantallas, registrar bien dónde lo vi y dirigirme a hacer la denuncia”, aconseja Baltasar Satriano, jefe de la sección Formación y Capacitación de la Dirección de Prevención de Delitos Tecnológicos. Y observa: “Nuestra cultura se transformó en una cultura de exposición, y no solo los adultos, también los menores no toman conciencia de cómo se están exponiendo. Por eso, nosotros lo que siempre reforzamos es que tenemos que tener precaución con la privacidad”.

Es importante entender aquí las diferencias entre la sextorsión y la difusión no consentida de imágenes íntimas. La primera es una modalidad de un delito ya existente: la extorsión. Puede presentarse de distintas maneras, pero una recurrente es la creación de perfiles falsos para establecer un vínculo de confianza con alguien y luego pedirle material íntimo. Finalmente, el delincuente extorsiona a la persona amenazándolo con publicar o difundir ese material si no se entrega una suma de dinero.

A estas modalidades ya conocidas -pornovenganza, acoso virtual y sextorsión-, se suma, además del doxing, el robo de identidad digital, con la creación de perfiles apócrifos de una persona.

Más allá de este nuevo diccionario de delitos, es importante entender lo complejo del ecosistema digital no solo para resguardar nuestra privacidad sino también para exigir leyes que puedan protegernos si alguna vez somos víctimas de estas formas de violencia.

En la ciudad de Buenos Aires, se pueden realizar la denuncias en cualquier comisaría, en la UFECI -Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia- (Sarmiento 663 6° CABA, denunciasufeci@mpf.gov.ar -para hacer consultas-). También, en el Ministerio Público Fiscal de la Ciudad (0800 33 FISCAL).

Para comunicarse con Activismo Feminista Digital, ingresar a: https://activismofeministadigital.org/