El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, asumió este martes un nuevo mandato de cinco años tras haber sido reelecto con 62,46 por ciento de los votos y con una adhesión popular cercana a 70 por ciento, según las últimas encuestas, pese a los cuestionamientos de sectores opositores sobre la legalidad y el desarrollo de los comicios.

En una ceremonia que comenzó casi una hora y media más tarde de lo previsto, Ortega recibió los atributos del mando de manos del presidente de la Asamblea Nacional (parlamento unicameral), René Núñez Téllez, quien, igual que el mandatario, fue uno de los comandantes históricos de la guerrilla sandinista que en 1979 derrocó a la dictadura de Anastasio Somoza.

El acto tuvo lugar en la recién remodelada Plaza de la Revolución ante la presencia de varios mandatarios extranjeros y una multitud de invitados que los canales Telesur y CNN en Español estimaron en más de 8.000, en medio de fuertes medidas de seguridad que ya se advertían en los días previos.

Ortega pudo postularse en las elecciones del 6 de noviembre gracias a una autorización expresa del Poder Judicial, pese a que la Constitución prohíbe la reelección inmediata del presidente.

En esos comicios superó por poco más de 30 puntos porcentuales al empresario Fabio Gadea, quien encabezó una alianza entre sectores liberales y sandinistas disidentes.

El resultado sorprendió a los analistas, pues las encuestas previas de intención de voto pronosticaban el triunfo de Ortega pero de manera mucho más ajustada, y le permitió ganar la mayoría propia en la Asamblea Nacional.

Sin embargo, pese a los cuestionamientos de la oposición por la habilitación judicial de la candidatura de Ortega y por presuntas irregularidades en el cómputo de los votos, siete de cada 10 nicaragüenses cree que el mandatario ganó limpiamente las elecciones, según una reciente encuesta de la firma privada M&R Asociados citada por la agencia de noticias DPA.

De acuerdo con ese sondeo, 69,8 por ciento de los nicaragüenses opina que las autoridades electorales respetaron la voluntad popular en los comicios de noviembre y 69,9 por ciento sostiene que el país progresó durante el último mandato de Ortega.

Aun cuando se trata de una de las economías más débiles de Centroamérica, el producto bruto de Nicaragua creció 4,5 por ciento el año pasado, por encima del promedio de la región, según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI); además, el país mantiene una posición sólida de reservas internacionales y exportó por más de 2.000 millones de dólares, un registro récord.

Para este nuevo mandato, Ortega prometió profundizar sus programas sociales en beneficio de los más pobres, así como llevar a cabo un gobierno basado en el diálogo y el consenso.

Contará para ello con una holgada mayoría en la Asamblea, donde ayer asumieron los legisladores surgidos de los comicios de noviembre: 62 del Frente Sandinista gobernante, 26 de la coalición PLI-UNE (Partido Liberal Independiente-Unidad Nicaragüense por la Esperanza) y dos del Partido Liberal Constitucional (PLC), además del vicepresidente saliente, Jaime Morales Carazo, y el segundo candidato a presidente más votado, Gadea.

Entre los mandatarios extranjeros que asistieron a la asunción se contaron los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez; de Irán, Mahmoud Ahmadinejad; de El Salvador, Mauricio Funes; de Honduras, Porfirio Lobo; de Haití, Michel Martelly, y de Guatemala, Alvaro Colom, así como su sucesor electo, Otto Pérez Molina, y el príncipe de España, Felipe de Borbón.

Entre las ausencias se destacó la de la presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, quien sólo envió a dos funcionarios de rango relativamente bajo -el director de Protocolo de la cancillería, Javier Sancho, y el encargado de negocios de la embajada costarricense en Managua, Edwin Arias- y no al canciller o a alguno de los dos vicepresidentes, como es usual.

El hecho refleja la tensión entre Costa Rica y Nicaragua por un conflicto fronterizo que lleva 16 meses y se ventila en la Corte Internacional de Justicia, con sede en La Haya.

Ortega lideró entre 1979 y 1985 el gobierno de la Revolución Sandinista que derrocó a Somoza; luego fue electo presidente para el período 1985-90 y después de varios gobiernos liberales, en 2007 fue consagrado nuevamente para el período que concluyó hoy.